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Violencia contra la mujer golpea fuertemente nuestra realidad

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La primera vez que Eugenia* fue víctima de maltrato en público ni siquiera se dio cuenta. Estaba en una fiesta cuando en medio de una conversación su novio le dijo bruta. Un par de personas la miraron esperando una reacción, pero no pasó nada. Era habitual que le dijera eso o imbécil, o gorda. Él era así, para ella no tenía nada de malo.

Al año se mudaron juntos y meses después vino el primer empujón. Lo hizo con fuerzas durante una discusión acalorada sobre una cuestión de dinero. La agarró tan desprevenida que la dejó en el piso. Ella lo amenazó con irse de la casa pero él le ofreció disculpas. Terminaron los dos pidiéndose perdón: él por haberla embestido, ella por haberlo provocado.

Por un tiempo pareció que el incidente lo había hecho reaccionar. Era más cariñoso, menos despectivo. Eugenia no tardó mucho en olvidar lo que había pasado. Pero la alegría duró poco. Su marido le prohibió frecuentar algunas amistades, le botó unos vestidos por ser muy “reveladores” y paulatinamente los insultos regresaron a ser el pan de cada día.

Una tarde de diciembre Eugenia decidió ir a hacer las compras de Navidad, en el camino se encontró con un amiga a la que tenía tiempo sin ver y fueron a tomar un café. Perdió la noción del tiempo y cuando regresó a casa su marido la estaba esperando. “No me dijo ni una palabra, pero tenía los ojos llenos de rabia. A penas cerré la puerta me tomó por el pelo y me llevó hasta la cama, se puso sobre mí, me inmovilizó los brazos con sus rodillas y comenzó la paliza. Yo lloraba, le gritaba que parara pero eso le daba más fuerzas. Así que me quedé callada, aguantando. Me dio tanto puñete que me desmayé. Cuando desperté él estaba a mi lado, dormido”.

Con las pocas fuerzas que le quedaban metió algunas pertenencias en un bolsito y tomó un taxi que la llevó a casa de su mamá. No ha vuelto a pisar ese lugar. “No lo denuncié. Él ha tratado de convencerme para regresar, pero ¡qué va! Yo no vuelvo… a menos que de verdad me muestre que ha cambiado ”, dice.

El psicólogo Cristóbal Duarte identifica tres fases en el ciclo de la violencia: la primera es la etapa de tensión, “donde existen agresiones verbales o físicas moderadas”. Esta fase puede durar mucho tiempo. Le sigue la etapa de explosión en la que la tensión se acumula hasta que se producen lesiones físicas, psicológicas o sexuales. “La víctima puede experimentar un estado de parálisis emocional frente a su incapacidad para predecir las consecuencias de sus actos. Finalmente, en la etapa de Luna de miel el agresor se arrepiente y promete no volver a lastimar a la víctima que cree en la promesa de cambio e inicia un nuevo ciclo.

Una sociedad machista

mujer

El Observatorio de Violencia contra la mujer (OVCM), define este tipo de violencia como “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el ámbito privado”.

De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas, una de cada seis panameñas ha sido víctima de violencia. En 2001 fue sancionada la Ley 38 sobre la violencia doméstica, pero no fue hasta octubre de 2013, con la Ley 82, que se modificó el Código Penal y se tipificó el femicidio.

Según el OVCM, 64% de las muertes violentas de mujeres en 2013 ocurridas en Panamá fueron femicidios, 31 % de las víctimas tenían entre 21 y 30 años, 20 % entre 31 y 40 años, lo que convierte estas franjas etarias en las más vulnerables a este problema.

Jennifer Delgado, Directora de Protección de los derechos de las mujeres de la Defensoría del pueblo, identifica dos grandes causas que explican el fenómeno: la cultura machista y la ausencia de acciones preventivas sostenibles.

“La violencia contra la mujer en Panamá se debe a la persistencia de una cultura patriarcal, que subordina a las mujeres y lo femenino frente a los hombres y lo masculino. Este sistema, no reconoce a las mujeres como sujetas de derechos y autonomía, y legitima la utilización de la violencia como medio para controlar sus cuerpos y su sexualidad. Aunado a lo anterior, se puede indicar la falta de acciones sostenibles en materia de prevención, que inicia con la educación en igualdad, pero también con campañas masivas y permanentes en la materia.”, indica.

El problema se agrava porque la violencia contra la mujer se ha culturizado. Así lo indica Carmen Chan, una trabajadora social que ha tratado casos de violencia de género. “En muchos casos la víctima no identifica la violencia, la asume como parte del rol que tiene como mujer”, explica.

Para Chan este tipo de conducta es reforzada por la sociedad en frases como “es que si no te cela no te quiere” o “la mujer que no aguanta está condenada a vivir sola, porque al hombre siempre hay que aguantarle algo”. Agrega que las mujeres que defienden fuertemente sus derechos a menudo son catalogadas como lesbianas o como frustradas “porque la tendencia en Panamá es que la mujer sea sumisa, cuando una víctima denuncia estos casos en la policía no es extraño que les pregunten: ‘¿usted no lo provocó?’“

Los golpes sin marcas

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Además de la violencia física – que usa la fuerza para lograr que la víctima haga algo que no desea o deje de hacer algo que desea a través de actos no accidentales- y de la sexual -acciones que obligan a una persona mediante el uso de la fuerza, la intimidación, chantaje, o sustancias para sostener relaciones sexuales-, existe un tipo de violencia igual de peligrosa pero más difícil de detectar.

Duarte explica que la violencia psicológica incluye todos los actos o conductas que producen desvalorización o sufrimiento en las mujeres: incluye amenazas, humillaciones, convencimiento de culpabilidad ante cualquier problema, insultos o ridiculización de sus opiniones, y que puede traer consecuencias como la depresión severa e incluso suicidios.

¿Qué hacer en casos de violencia?

Las denuncias de violencia doméstica pueden presentarse ante las Fiscalías Especializadas en Asuntos de la Familia y el Menor o en el Centro de Recepción de Denuncias del Ministerio Público; también en las Corregidurías y Juzgados Nocturnos del sector donde se vive. En casos de urgencia, se debe llamar a la Policía Nacional.

Las mujeres víctimas de violencia pueden dirigirse a la Defensoría del Pueblo (Calle 50). Allí la Dirección de Protección de los Derechos de las Mujeres, tiene un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de psicología, derecho, trabajo social y sociología. De igual manera, la institución tiene sedes regionales en todas las provincias y una en la Comarca Ngäbe Buglé, que trabajan en coordinación.

Sin embargo, Chan explica que no existen en el país refugios debidamente acondicionados a los que las mujeres puedan ir. “Hay fundaciones pero éstas carecen de apoyo. Si una mujer decide irse de su casa debe acudir dónde una amiga o a la iglesia”.

Es muy complejo romper con el ciclo de violencia. Por este motivo, Chan considera que es importante prevenir. “Es muy difícil que encuentres una mujer maltratada que recibió de niña una formación basada en el amor y el respeto”. Además, una mujer empoderada que goza de independencia económica tiene menos posibilidades ser víctima del maltrato”.

*Nombre ficticio

Publicado originalmente en El Venezolano de Panamá en septiembre de 2014

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Esta entrada fue publicada en noviembre 25, AM por en Mis publicaciones, Para siempres y etiquetada con , , , .

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